Educación

Herramientas para el aula: un semáforo de ruido con límite para la clase y dados de imágenes para contar y escribir historias.

Qué hacen las herramientas de educación

Las herramientas de educación están pensadas para usarse en el aula, con el alumnado delante y un solo dispositivo. La primera es el semáforo de ruido online, que escucha la clase con el micrófono y muestra una luz verde, ámbar o roja frente a un límite en decibelios.

  • Trae cinco límites de partida, de 50 dB(A) para un examen a 80 dB(A) para prácticas o juego, y admite un límite propio.
  • Resume cada sesión: nivel medio, nivel máximo, tiempo en cada color y veces por encima del límite.
  • Se calibra con un sonómetro y calcula la exposición diaria al ruido del profesorado según el Real Decreto 286/2006.

Cada herramienta explica de dónde salen sus cifras y qué norma o estudio las respalda, y no sustituye a una medición profesional.

Dados para contar e inventar historias

Los dados para contar historias lanzan hasta 9 dados de imágenes de 6 colecciones, y un alumno, un grupo o toda la clase cuenta o escribe una historia que use todas las imágenes. El Real Decreto 157/2022 pide en Primaria producir textos orales y textos con intención literaria, y los dados dan un punto de partida para ese relato.

Por turnos, cada jugador continúa la misma historia con los dados siguientes, con temporizador por turno, una frase de inicio y el nombre de cada imagen bajo el dado. La misma tirada se envía a la clase con un enlace, y cada dado se imprime como un desarrollo del cubo de 3,5 cm de arista para montarlo en casa.

Por qué importa el ruido en clase

En clase, lo que se dice tiene que destacar sobre el ruido de fondo. La Organización Mundial de la Salud pide que, para entender mensajes complejos en la escuela, la voz supere al ruido en al menos 15 dB. También fija 35 dB LAeq como máximo de ruido de fondo durante las clases, sin contar la actividad del grupo, así que no describe a una clase trabajando.

Cuando el ruido sube, quien habla eleva la voz sin darse cuenta: es el efecto Lombard. Bottalico, Passione, Graetzer y Hunter midieron en 2017 que, por encima de unos 43,3 dB(A) de ruido, el habla sube 0,65 dB por cada decibelio más. Por debajo de ese punto, la subida es menor, de 0,24 dB.

Para el profesorado, ese esfuerzo se repite durante horas. El cuadro de enfermedades profesionales del Real Decreto 1299/2006 recoge los nódulos de las cuerdas vocales por el uso mantenido de la voz, y cita a los profesores entre las actividades afectadas. Medir el ruido no lo evita, pero permite saber cuánto hay y cuándo sube.

Elegir un límite para cada actividad

Cada actividad de clase tiene su propio nivel de ruido, así que el semáforo parte de un límite distinto para cada una. Si no se elige otro, usa 68 dB(A), pensado para el trabajo individual con algo de conversación. La luz se pone ámbar 5 dB antes de llegar a ese límite y roja al alcanzarlo.

Los límites de partida se apoyan en la revisión de Shield, Greenland y Dockrell (2010) sobre aulas cerradas de primaria. Recoge unos 44 dB LAeq con el alumnado en silencio, 56 dB en actividades tranquilas como la lectura y 65 dB en trabajo individual con algo de conversación. En trabajo en grupo, los niveles van de 70 a 77 dB. Cada límite del medidor queda unos decibelios por encima, para que la luz siga verde si la clase trabaja como estaba previsto.

Estos son los cinco límites de partida que ofrece el medidor, del más bajo al más alto.

  • Trabajo en silencio o examen: 50 dB(A).
  • Lectura tranquila: 60 dB(A).
  • Trabajo individual con algo de conversación: 68 dB(A).
  • Trabajo en grupo: 76 dB(A).
  • Prácticas o juego: 80 dB(A).

Si ninguna cifra encaja con un grupo concreto, el botón «Fijar el límite con el aula» coloca el límite 3 dB por encima del nivel estable que se mide en ese momento. Se pulsa mientras la clase trabaja con un ruido que quien la imparte da por bueno, y desde ahí la luz avisa cuando el grupo se aleja de ese punto.

La respuesta estable, la que viene activada, toma la mediana del nivel de los últimos 5 s. Así, una tos, una silla arrastrada o un libro que cae no cambian el color, y solo un aumento que se mantiene enciende el rojo. Ninguna de estas cifras es una norma: sin calibración, los niveles del medidor son estimaciones, y cada aula y cada dispositivo suenan de forma distinta.

Dispositivos, permisos y privacidad

Las herramientas funcionan en el navegador, sin instalar nada. Un portátil conectado al proyector o a la pizarra digital muestra la luz a toda la clase a pantalla completa, y un móvil o una tableta sirven igual sobre la mesa.

Para medir, el navegador pide permiso para usar el micrófono, y solo lo concede en una página segura. Mientras el micrófono está activo, el navegador muestra su indicador de grabación.

El sonido no se graba, no se guarda y no sale del dispositivo: el micrófono alimenta un analizador dentro de la página, que solo calcula niveles. Lo único que puede quedar en el navegador es la calibración, si se guarda, y el enlace de la página lleva los ajustes, nunca el sonido.